Pedagogía 25 de febrero de 2026 8 min de lectura

Reggio Emilia, Waldorf, Montessori y aprendizaje por proyectos: qué toma cada uno y cómo elegir

Guía honesta para papás primerizos que escuchan estos nombres y no saben qué diferencia hay. Qué es cada metodología, qué tienen en común y qué preguntarle al nido.

Cuando empiezas a buscar nido, inevitablemente te topas con estos nombres: Reggio Emilia, Waldorf, Montessori. Algunos nidos los mencionan en su web, otros los tienen en el nombre, y hay quienes dicen "nos inspiramos en varias metodologías" sin explicar qué significa eso en la práctica.

Esta guía no es académica. Es para papás que quieren entender de verdad qué implica cada enfoque en el día a día de su hijo — y qué preguntas hacerle al nido cuando vayan a visitarlo.


Primero, algo importante

Ninguna metodología es mejor que otra en abstracto. Lo que importa es si el nido la aplica con coherencia y si encaja con la forma en que tu familia entiende la infancia. Un nido Montessori bien llevado es mucho mejor que un nido que dice ser Reggio pero no sabe lo que eso significa.

Dicho eso, entender las diferencias te ayuda a hacer mejores preguntas.


Montessori: la independencia como motor

La pedagoga italiana María Montessori desarrolló su método a principios del siglo XX trabajando con niños en situación de vulnerabilidad. Observó que cuando los niños podían moverse libremente en un ambiente preparado para ellos, aprendían solos y con gran concentración.

Qué lo caracteriza: El "ambiente preparado" es el centro de todo. Materiales específicos, diseñados con una lógica interna, colocados al alcance del niño. Cada material tiene un propósito y una secuencia. Las aulas suelen ser de edades mixtas — un niño de 3 años observa a uno de 5, y el mayor refuerza lo que sabe al ayudar al menor.

El adulto no interrumpe cuando el niño está concentrado. Observa, anota, presenta nuevos materiales cuando el niño está listo. El error está incorporado en el diseño: los materiales se autocorrigen.

En el día a día de tu hijo: Actividades individuales de larga duración. Silencio y concentración valorados. Materiales reales — vidrio, madera, metal. El niño elige qué hacer dentro de un marco. Pocas interrupciones externas.

Para quién encaja bien: Familias que valoran mucho la autonomía, el orden y la concentración individual. Niños que disfrutan explorar solos y necesitan pocas interrupciones.

Una pregunta para hacerle al nido: ¿Tienen materiales Montessori originales (AMI o AMS certificados) o son "inspirados en Montessori"? No hay una respuesta correcta, pero la distinción importa.


Waldorf: el ritmo, la naturaleza y el mundo de la imaginación

Rudolf Steiner, filósofo austriaco, fundó la primera escuela Waldorf en Stuttgart en 1919 para los hijos de los trabajadores de la fábrica de cigarrillos Waldorf-Astoria. Su filosofía educativa, basada en la antroposofía, divide el desarrollo humano en ciclos de siete años.

Qué lo caracteriza: En el primer septenio (0 a 7 años), la prioridad no es el desarrollo intelectual sino el motor y sensorial. El niño aprende imitando al adulto: amasar pan, barrer, sembrar, tejer. La naturaleza no es una visita escolar — es el ambiente cotidiano. Sin tecnología, sin pantallas, sin plástico.

El juego simbólico libre es el trabajo más serio del niño. Los materiales son abiertos: un trozo de tela puede ser un bebé, un río, una montaña. La imaginación no tiene límites impuestos.

En el día a día de tu hijo: Ritmos fijos y predecibles que dan seguridad. Actividades artísticas: acuarela húmeda, modelado en cera, euritmia. Historia y narrativa oral. Contacto con la naturaleza en todas las estaciones. La lectura y escritura formal se introduce más tarde que en otros enfoques.

Para quién encaja bien: Familias que valoran profundamente la naturaleza, el arte, la imaginación y el ritmo. Que no tienen prisa por la alfabetización temprana y confían en que cada cosa llegará a su tiempo.

Una pregunta para hacerle al nido: ¿Cómo manejan la transición a la primaria? Es la pregunta más frecuente sobre Waldorf y merece una respuesta honesta.


Reggio Emilia: el niño como investigador

No es una metodología en el sentido estricto — es un enfoque desarrollado en la ciudad italiana de Reggio Emilia después de la Segunda Guerra Mundial, liderado por el pedagogo Loris Malaguzzi. Surgió como una respuesta comunitaria: los padres de la ciudad construyeron una escuela con sus propias manos.

Qué lo caracteriza: El principio central es que el niño tiene "cien lenguajes" para expresar lo que piensa y descubre: el dibujo, la construcción, el barro, el movimiento, la música. Todos son igualmente válidos.

El aprendizaje nace de proyectos que parten de los intereses genuinos de los niños, no de un currículo preestablecido. La provocación es el inicio: el adulto presenta algo que genera preguntas, y el proyecto se construye desde ahí. La documentación — fotos, transcripciones, registros — hace visible el pensamiento del niño.

El ambiente es el "tercer maestro": los espacios están diseñados para invitar a la exploración, con luz natural, materiales variados y orden visual.

En el día a día de tu hijo: Proyectos de investigación que duran días o semanas. Arte como lenguaje, no como manualidad. El adulto como co-investigador, no como instructor. Documentación cuidadosa que las familias reciben y comparten.

Para quién encaja bien: Familias que valoran la curiosidad, la expresión propia y ver el proceso de pensamiento de su hijo. Que se sienten cómodos con la incertidumbre curricular — no saber exactamente "qué tema" están viendo esta semana.

Una pregunta para hacerle al nido: ¿Cómo es su proceso de documentación? ¿Qué reciben las familias? La documentación es el corazón de Reggio — si no existe o es superficial, el enfoque tampoco lo es.


Aprendizaje por proyectos vivenciales: cuando el proceso es el curriculum

Más que una metodología con nombre propio, el aprendizaje por proyectos vivenciales es un enfoque que recoge lo mejor de las corrientes anteriores y lo ancla en la experiencia concreta y el mundo real del niño.

Qué lo caracteriza: El punto de partida no es un tema ni una capacidad a desarrollar. Es una experiencia — sensorial, real, significativa — que genera curiosidad genuina. Desde esa curiosidad se construye el aprendizaje.

La secuencia típica:

  1. Provocación: Presentamos algo que despierta preguntas. No explicamos nada todavía.
  2. Exploración libre: El niño interactúa, toca, experimenta, se equivoca.
  3. Profundización: Desde lo que el niño ya descubrió, el adulto introduce nuevas capas — vocabulario, conceptos, técnicas.
  4. Documentación: El proceso queda registrado, no el resultado.

Un ejemplo concreto: si el objetivo es que el niño conozca la harina como material y explore la letra H, no mostramos la letra en una ficha. Empezamos haciendo masa — harina, huevo, agua. La amasamos, la cortamos, la dejamos secar. Otro día hacemos fideos con esa masa. Pintamos con ellos. En ese camino, el niño descubrió que los fideos se hacen con harina y huevo, que ambas palabras se escriben con H, que la masa cambia de textura con el calor, que hay que esperar. Ningún aprendizaje fue forzado — todos emergieron de la experiencia.

El mundo adulto también es curriculum: cocinar, sembrar, limpiar, construir. Los niños imitan a sus papás porque así aprenden. Esa imitación no es juego menor — es el mecanismo más poderoso de aprendizaje en la primera infancia.

En el día a día de tu hijo: Proyectos de una semana aproximadamente. Alta variedad sensorial — texturas, olores, sabores, movimiento. El niño no siempre sabe que está "aprendiendo algo". Los materiales son reales y cotidianos. El adulto observa más de lo que habla.

Para quién encaja bien: Familias que quieren algo más que fichas y canciones, pero tampoco quieren una metodología ortodoxa. Que valoran que su hijo aprenda a través de la experiencia completa, no de fragmentos aislados. Que entienden que un niño que hizo fideos desde cero aprendió más que uno que coloreó un dibujo de un plato de pasta.


¿Qué tienen todas en común?

Más de lo que parece. Las cuatro comparten:

  • El niño como protagonista activo del aprendizaje, no receptor pasivo
  • El error como parte natural del proceso, no como fracaso
  • El juego como actividad cognitiva seria, no como recreo
  • La observación del adulto como herramienta principal, no la instrucción directa
  • El ambiente como factor determinante del aprendizaje
  • La relación con las familias como parte del proyecto educativo

La diferencia está en el énfasis, en los materiales, en el ritmo y en el rol del adulto.


Lo que ninguna metodología puede reemplazar

La coherencia entre lo que el nido dice y lo que hace. Una visita al nido — mejor aún, una clase modelo — te va a decir más que cualquier folleto. Observa:

  • ¿Cómo hablan los adultos con los niños?
  • ¿Los materiales están al alcance de los niños o son decorativos?
  • ¿Hay espacio para que el niño elija, o todo está dirigido?
  • ¿Cómo reaccionan cuando un niño se equivoca o se frustra?
  • ¿La documentación que te muestran refleja procesos o solo resultados bonitos?

Las respuestas a esas preguntas valen más que el nombre de cualquier metodología.


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